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Obras

Caldebarcos. Elisa Gallego

Editado por CQ

Las casetas de pescadores son almacenes de instrumentos de pesca y de embarcaciones. Se dan allí donde existiendo vida marinera no hay instalaciones portuarias básicas. Así como en Baleares o en la costa sur peninsular suelen ser de tabla de madera, por lo que adquieren un carácter provisional, es en Galicia, concretamente en el entorno de Carnota, donde alcanzan mayor significado de permanencia siendo construcciones de piedra. Fueron en otro tiempo, en Galicia, pequeñas factorías para la pesca de bajura, donde incluso se llegaba a impermeabilizar las redes de fibra natural, cociéndolas en caldeiras de encascar. Hoy, muchas de estas casetas mantienen los restos de la piedra circular que sostenía los calderos de cobre donde se bañaba la red con la resina de la casca (corteza) de los árboles. Esta arquitectura singular probablemente surgió alrededor de los almacénes de salazón que poblaban y pueblan, hoy sin uso, la costa gallega. La gran mayoría de las casetas se han mantenido hasta hoy. Han llegado a construirse nuevas casetas (de bloque de hormigón) y otras han comenzado a transformarse para uso residencial estival. La presión turística e inmobilidaria que sufre este ayuntamiento no es todavía, la que ya ha desfigurado zonas como el Barbanza o el propio Finisterre.

Se propone así a la Consellería (interesada en “hacer algo para evitar la pérdida de uso tradicional”) hacer un primer acercamiento inventariando con detalle todas las casetas en torno a la punta de Caldebarcos, detectando a medida que avanza el trabajo que la densidad del conjunto de casetas se extiende más alla y que cada una aislada y como conjunto tienen un vínculo con su topografía particular.

El primer inventario (*1)recogió un levantamiento preciso de cada caseta, toma de fotografías, datos del propietario y su ubicación en el conjunto. Además se elaboró un estudio sobre las casetas como construcción popular con una tipología definida y se dibujó un posible entorno de protección del conjunto etnográfico. Intencionadamente como elementos patrimoniales y como reflejo de la necesidad y de la continuidad de una actividad tradicional que trata de mantenerse en el tiempo se recogieron también las casetas de bloque de hormigón. Con el inventario en manos de la Consellería, ésta decidió destinar una partida de su presupuesto al arreglo de un pequeño grupo que pudiera servir de ejemplo para el resto de propietarios. Se seleccionó un grupo accesible que conservase el uso tradicional y que representase los diferentes tipos de casetas individuales, en concreto el cercano a una Salazón (Almacen de Casais)  y a su rampa de atraque (Porto de Fontevella). Cada caseta, como cada uno de sus propietarios, se revelaron con su personalidad.  La personalidad de los propietarios fue más imprevisible, y dado que la intervención no implicó ningun tipo de compromiso por parte del propietario, salvo el “ético”,  no se obtuvo lo esperado. Aunque hubo su excepción, probablemente otro planteamiento hubiese sido más acertado.

La arquitectura de una caseta es muy simple. La estructura tradicional es de aparejo de piedra labrada.  De una o dos aguas. Puede ser una edificación aislada (30-35m2. ) o estar adosada. Suele conservar un hueco pequeño en lo alto para que pase el mástil de la embarcación en el muro piñón y unos agujeros en las puertas –gateiras– para favorecer la limpieza de los restos de la pesca. La estrutura interna entrecruza vigas horizontales sin otro fin que levantar del suelo y por tanto del agua, los aparejos que así quedan apoyados o colgados. Alguna mantiene la chimenea para la salida de humo de la antigua caldeira, otras suelos de tabla con alguna trampilla y, las menos, las que fueron habitadas, conservan ventanas así como contras. Los huecos son, además de una puerta extremadamente pequeña (sobre todo cuando ésta sirve de paso a una embarcación), uno o dos huecos cerrados únicamente con contras para ventilar. Toda la carpintería solía ser de madera, tabla pintada con el color de las embarcaciones o calafateada con brea. La cubrición era en general de teja cerámica curva. Hoy las carpinterías también son de chapa, las cubiertas de uralita y muchas vigas, son viguetas de hormigón.

La actuación de rehabilitación (*2) fue muy modesta y se le unió la ambición de ser ejemplo de actuaciones similares, pensando en que así, protegiendo estas arquitecturas, también se hacía de su entorno y su paisaje. Los criterios fundamentales y comunes a todas las casetas fueron consolidar o sustituir elementos constructivos por otros que alargasen la vida de la caseta y la continuidad del uso. Se aceptó la incorporación de materiales nuevos como las placas onduladas (sustituídas por granonda pintada para disimular la fuerte sujeción a la viga) en las cubiertas que respondían mejor a la fuerza del viento y sustituían la placa de uralita. Las vigas horizontales se hicieron de madera cuperizada y pintada. Las puertas se elaboraron con más detalle. Incorporaron un vierteaguas en la parte inferior formando parte del bastidor, de tabla al exterior y de tablero marino al interior se reforzaron además con una chapa intermedia. Los muros de piedra se limpiaron y consolidaron, encintándose con un mortero bastardo. Por el interior, la sillería labrada se encaló con una lechada tradicional de cal. Para resolver la inevitable entrada de agua ligada al uso intrínseco de la caseta, el suelo inexistente (salvo en la 38) se drenó con capas de grava y tierra. Se marcó una pendiente predominante y se dispusieron unas canaletas hacia las zonas de desague que con un simple orificio desaguan al exterior.

Aunque el área total de actuación alcanzaba unos 2600m2, solo se ocuparonn unos 100m2 entre la superficie de adoquinado que marcó el acceso a la zona, solainas o losas de granito de los umbrales de las casetas y escalones. De esta manera, se pretendió crear un paseo que ayudase a poner en valor lo existente y frenar con el pavimento la entrada de vehículos. La carencia de visibilidad mínima necesaria para la actividad se resolvió con un balizamento solar. Hoy, el vandalismo ha acabado con él. Una luminaria baja señalaba el sendero y otra de tipo bolardo los límites físicos. Permitió con una mínima intensidad de luz señalar los accidentes geográficos y no contaminar un entorno natural sensible (Rede Natura 2000). Además eran una referencia temporal, encendiéndose con la caída del sol.

Las soleras de hormigón vertido que los marineros habían echado en el acceso a las casetas se sustituyeron por losas de granito, preparadas para soportar el paso de las embarcaciones. Se adecuó el paso natural con otras piezas de granito y se consolidaron muretes de piedra. También, con ánimo de apoyar las iniciativas culturales de las cofradías de pescadores locales se añadieron 2 paneles grafiados en acero (que tampoco tardaron en ser objetivo de los vandalos, aunque aún están en pie).

Cada caseta tuvo sus necesidades y sus problemas. La caseta llamada nº32 (nomenclatura del primer inventario), tenía los restos de la piedra circular de la caldeira de encascar que estaban ocultos por la tierra. Se recuperó y se cubrió con una tapa de madera pintada, para almacenaje. Como otras casetas, aprovecha una roca como parte de la construcción. Tiene 2 vigas horizontales para la suspensión del aparejo que se restituyeron y un pequeño cuerno en la fachada oeste  que “protege” del meigallo (hechizo) y se mantuvo prudentemente.

La caseta nº33, era la más pequeña de la actuación. Continúa en “ele” el encastre en el terreno de su vecina 32, teniendo como pared una roca natural. Como la altura libre era realmente escasa y no tenía vigas horizontales coma las otras, se diseñó un estante de madera, un tablón apoyado sobre un murete de ladrillo en un extremo y en un encaje de la roca-pared en el otro. Como la nº32, se le restituyó la ventana y las contras, ambas de color verde.

Caseta nº34:  En los temporales y durante las mareas vivas, el mar y las olas azotan esta caseta. Por esta razón, dispone de un pequeño escalón-peto de piedra en la puerta, que como en los barcos impide el paso da agua, y su único hueco de luz estaba tapiado. Con tan poca luz natural, se abrió de nuevo el hueco pero con un vidrio estrecho y doble enmarcado en una carpintería de madera fija, Y se le añadió una ventana en la misma puerta, protegida con una contra exterior. La estructura interior de vigas horizontales conserva la disposición tradicional y como en el resto, se pusieron algunos tablones perpendiculares para facilitar el apoyo de los enseres de pesca.

La caseta nº38 es diferente. La propiedad siempre tuvo ánimo de colaborar y acoger en ella actividades culturales, al haber perdido la caseta el uso tradicional. Al  lado de la salazón, es la de mayor tamaño. Los muros de piedra son de cachote y están enfoscados y pintados y su cubierta es de teja plana. Probablemente era una caseta con relación emparentada con la salazón. Los muros que miran al mar estaban calafateados y así se mantuvo en la rehabilitación aplicando un material asfáltico equivalente. En esta caseta se conservó la teja como cubrición, al estar al abrigo del almacén de salga no corría tanto peligro de volar como las otras. La estructura de madera del interior se recuperó con una cercha y una viga horizontal aislada. También, encontramos algún elemento de mobiliario marinero que se repuso (soportes, estantes, un pequeño almacén de casca en el suelo y la huella de la posición de la caldeira de encascar  que se señaló).

En el transcurso de la actuación, la Demarcación de Costas no permitó la recuperación de las casetas de bloque de hormigón, porque a “su juicio” (a juicio del funcionario) no eran tradicionales (si bien el zócalo indicaba su pasado original al ser de piedra). Se tomó la decisión de dedicar la partida del presupuesto a la colocación de 3 bancos de piedra, piezas de autor (*4), en el entorno de las casetas, con la idea de dar énfasis al valor de ese paisaje. Al cabo de un año “a juicio del alcalde” (del partido opuesto a la Consellería de entonces) los bancos no estaban bien situados y decidió colocarlos en un lugar más acorde, en el otro extremo del ayuntamiento, cerca de una caseta de instalación telefónica, sobre asfalto. Aunque a día de hoy, aún están allí, esperando, los aires han cambiado y parece que en breve la rocambolesca situación va a tener un final feliz y volverán los 3 bancos a servir a los vecinos de Caldebarcos, con quienes el proyecto estaba comprometido.

Finalmente, un par de años más tarde (*3) se logró completar el área de estudio con un documento que abarcó todo el litoral del concello de Carnota recogiendo toda la arquitectura vinculada al agua (casetas, salazones, rampas, puentes, molinos, etc) dando sentido a la quizás, mayor concentración de casetas y salazones de Galicia. Se completó el inventario, se delimitaron áreas de protección y respeto y se plantearon propuestas de figuras de protección que diesen unidad a los conjuntos etnográficos y a las diferentes normativas que se superponen en el ámbito. Se propusieron nuevos usos compatibles con la conservación,  con la ruina y se formularon herramientas orientativas para los elementos inventariados para ayudar al desarrollo de los enclaves de especial valor ecológico. Todo esto, sin olvidar a los que alli viven, con quienes se tuvo diversas reuniones y se mantuvo una comunicación constante. Este documento, esta en el CETMAR, en Vigo, esperando también que soplen nuevos aires.

No estaría mal conectar planeamientos y visiones de protección para lograr una mayor eficacia en la conservación del patrimonio. Las casetas son pasado y aún presente y ahí radica su valor, en su función; y por eso, la prioridad en su conservación, porque son realmente necesarias. La ineficacia de la ordenación existente es visible en 4 (de solo 6 casetas catalogadas, en Red Natura y dentro de la Demarcación de Costas), que a pesar de ello, son las más alteradas. El conjunto de casetas inventariadas es de más de 200. Aún se puede salvar este patrimonio, si hay interés e intención.

(*1) 1ª fase. Recollida de información e análise. Inventario  e delimitación da zona protexida. Plan especial de protección das casetas dos pescadores e do entorno da punta de Caldebarcos, concello de Carnota. Consellería de Vivenda e solo. Xunta de Galicia. 2006

(*2) Rehabilitación dun grupo de casetas da Fontevella e do seu entorno inmediato no marco do Plan especial de protección das Casetas dos pescadores e do entorno da punta de Caldebarcos no concello de Carnota. Consellería de Vivenda e solo. Xunta de Galicia. 2008

(*3) Plan especial de protección dos elementos patrimoniais ligados ó auga do Concello de Carnota. Centro tecnológico del mar, fundación CETMAR. 2009.

(*4) Bancos Reunión. Diseño Manuel Gallego Jorreto. Cantero: Ricardo Antelo. Material seleccionado: granito do val abujardado en fino en todas sus caras.

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