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Obras

Refugio autogestionado para un montañero

Editado por NuriaPrieto

Hace aproximadamente 10 años un aparejador amigo muy aficionado al montañismo nos enseñó una parcela de esbelta proporción y pendiente a favor de vistas y de orientación.

Quería literalmente “hacerse” un refugio de fin de semana y de retiro en aquella parcela. Planteó un modelo de autogestión en el que iba a asumir el papel de delineante del proyecto, de aparejador, de contratista de obra, encargado y oficial. Dibujamos unos croquis de idea del refugio, que él inmediatamente aceptó como válidos. Se instaló un mes en nuestro estudio para ser el delineante del proyecto. Se dibujó a mano el proyecto básico y de ejecución siguiendo nuestras indicaciones y con criterios constructivos comunes.

Para autoconstruirse el refugio contó con la colaboración de amigos hechos después de muchos años de profesión: encofrador, cerrajero, carpintero, fontanero, electricista, etc. El proceso de autoconstrucción ha sido lento, de hecho todavía quedan por poner las puertas de los baños, los cercos interiores de las ventanas, los estores, gran parte de la urbanización, etc. Intuimos que la casa nunca dejará de estar “en construcción” permanente. Pensamos que es lo que la hace un proyecto especial para el estudio: es una obra viva que se cuece a fuego lento, sin prisas, ajena a las batallas que se plantean en cualquier obra convencional, donde varios agentes controlan el proceso. Aquí solo hay uno, el aparejador montañero que no tiene prisa, solo ganas y paciencia.

Las fotos delatan que no hay un estado fijo de las cosas en este proyecto. La contingencia se impone sobre cualquier previsión. Conviven en el interior de la vivienda un tablero sobre dos borriquetas (a modo de mesa de despacho) con un sillón orejero, una balda improvisada, dos maquetas del proyecto (también realizadas por nuestro “gestor”), unas baldas improvisadas o una mascota hecha con perfiles de acero.

Tiene este proyecto cierto componente de aleatoriedad, de misterio quizá. No se sabe que o quien guia los procesos de algo que no se sabe cuando se dará por finalizado, si es que se acaba de “construir”. No hay “project managers”, ni “plannings” de obra, el sol, la lluvia, la nieve, el paso del tiempo marcan el devenir de este proyecto inacabable.

El hormigón armado no requiere mantenimiento, su aspecto se irá mimetizando con el entorno conforme el tiempo avance, el musgo crezca por sus paredes y las inclemencias del tiempo dejarán su huella en él.

El refugio se plantea como un cofre de bajo mantenimiento y de difícil intrusión. Se accede al interior por una gran apertura que conforma el porche resguardado de la lluvia y del sol del mediodía en verano al que vuelcan el salón, la cocina y un cuarto polivalente. Esta apertura se cierra por un sencillo y eficaz persiana enrollable de acero galvanizado que queda oculta al abrirse. El resto de aperturas de fachada son estrechos huecos en el hormigón que cumplen la función de ventilar e iluminar las distintas estancias del refugio.

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