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Obras

Capilla de Otaniemi. Heikki & Kaija Siren

Editado por NuriaPrieto

CRUCES

La capilla de los Siren en Otaniemi.

El camino que sube desde la entrada del Cementerio Sur de Estocolmo hasta la Capilla principal discurre próximo a una gran cruz de basalto, cuya presencia debe rebasarse para culminar el trayecto. Cuando Asplund dibujó esta cruz en 1935, exagerando la altura de sus brazos con respecto a la empleada habitualmente, deseaba entenderla como representación antropomórfica, de cuerpo vertical y brazos abiertos, alejándola de su simbología confesional más explícita. Esta ligera alteración de proporciones confiere a la cruz su escala enigmática, su tamaño incierto y difícilmente comprensible que produce en el espectador la sensación paradójica de cercanía y distancia.

A la Capilla proyectada por Heikki y Kajia Siren para el Campus Tecnológico de Otaniemi, se llega mediante un itinerario también ascendente que se extiende hacia un recinto abierto, levemente delimitado, el cual puede entenderse como atrio y articula el tránsito al interior. La entrada se define por la situación del leñoso campanario, el cual comprime lateralmente este espacio que conduce hacia las puertas. El vestíbulo, de techo intensamente bajo, precede a la súbita distensión en altura del espacio principal de la Capilla. Aquí la cruz se sitúa al exterior, mas allá del plano de vidrio que limita el ábside, tras el altar, en el contraluz del Norte y a una distancia crítica que prolonga el lugar de oración hacia el bosque, o consigue que el bosque forme parte de la Capilla. Lo que realmente llega a producirse es la unidad entre ambos espacios, dentro y fuera, ahora transmutados en lugar para el ritual y la contemplación.

Observar en qué forma piensan la cruz otros arquitectos nórdicos, contemporáneos de los Siren, ayuda a entender mejor la fuerza y alcance de la Capilla en Otaniemi que terminaron de construir en 1957. Así en la Iglesia de Santo Tomás, proyectada por Peter Celsing en Välingby (1953-1959) una cruz de acero inoxidable brillante se sitúa a cierta distancia de la entrada principal. Este símbolo, junto al tratamiento físico de todo el espacio del acceso, no sólo marca un límite inmaterial entre la vecina zona de comercios y el ámbito religioso sino que también recuerda la actitud que este lugar requiere, creando una distancia de adaptación entre interior y exterior.

Unos años más tarde Sigurd Lewerentz, al proyectar la Iglesia de San Pedro en Klippan (1963-1966) situada en el interior de un parque urbano, dispuso la cruz tras el altar y a su derecha, construyéndola en continuidad con la delgada barandilla que delimita este ámbito, como si el propio símbolo llegara a producir un campo de fuerza literal en torno al lugar donde se realiza la ceremonia.

En la propuesta de Otaniemi los Siren emplean fundamentalmente dos materiales: el ladrillo y la madera. El ladrillo, la arcilla, es la tierra ordenada; la madera el bosque ordenado. El ladrillo tiene una condición más densa y construye los cerramientos sólidos, las tapias, o el suelo del interior. La madera forma los finos troncos de la empalizada que delimita el atrio o aligera la parte superior del muro, mostrando esa condición de urdimbre vibrante que, como el propio bosque, tamiza la luz y el aire. La misma madera, bien perfilada y cortada, constituye el armazón que define el interior, sostenido por una estructura casi inmaterial de cerchas con tablas unidas mediante pasadores y tirantes metálicos.

Todo el espacio principal de la Capilla parece confluir hacia el lugar de la ceremonia pero en realidad lo traspasa y se prolonga hacia el bosque, de manera que la ausencia de separación entre dentro y fuera, el sentido de unidad, viene a significar lo mismo si lo entendemos en la dimensión más elevada del ser humano.

El resto de los elementos que construyen el lugar ritual de la Capilla evitan cualquier distracción en su condición de estar casi ausentes: el altar, el baptisterio o los reclinatorios, están dibujados como siluetas, mediante líneas que se materializan. La ventana lateral, tamizada por los árboles cercanos, introduce el sol rasante de la tarde y la vidriera posterior, que deja pasar desde lo alto la luz del Sur, no permite ver el cielo sino que ilumina la tierra y el bosque, hacia los que la Capilla entera mira, transformados por la cruz en territorio espiritual.

Esta cruz, realizada mediante perfiles metálicos laminados pintados de blanco, adquiere una presencia luminosa y liviana, casi etérea, resaltada ante el claroscuro de los árboles y casi fundida con el paisaje cuando está nevado. Su posición tras el altar, que se encuentra descentrado con respecto al eje longitudinal del edificio y en diagonal desde el acceso, valora la visión oblicua de la cruz, dirigiendo el sentido de entrada hacia el norte geográfico con respecto al cual la Capilla esta ligeramente girada. La cruz se sitúa a cota algo más baja que el suelo del espacio interior, vinculada a la topografía descendente del terreno. Ello produce, al verla desde dentro, una desproporción entre la altura de la cruz y la anchura de sus brazos, así como la sensación de que esta flotando, lo cual contribuye a dotar al símbolo de una cualidad sutil.

Existe otro elemento ya mencionado al principio: el campanario, que asoma tras la tapia y ayuda a completar la disposición diagonal del acceso al recinto interior de la Capilla. Este campanario se construye con una cualidad similar a la empalizada y las celosías de troncos, conformando con su textura rugosa un volumen prismático virtual, una jaula de aire que sostiene otra cruz de madera casi invisible por el contraluz del fondo celeste.

Sigurd Lewerentz había proyectado en 1943 un campanario para el Cementerio de Mälmo con la idea de un prisma pétreo. Su estructura vertical, perforada por aire, configura una especie de caja de resonancia de las campanas, coronada por la cruz. Quizá esta propuesta llegó a inspirar a los Siren en Otaniemi.

Puede intuirse una afinidad que hilvana las intenciones de estos maestros nórdicos al pensar sus proyectos. Asplund, Celsing, Lewerentz, Heikki y Kajia Siren… Todos ellos Responden en condiciones distintas a problemas diferentes de escala y programa. Pero, como ocurre con los personajes de Raymond Carver en sus Vidas Cruzadas, la variedad de caracteres y acontecimientos es sólo ficticia. Las situaciones parecen diversas pero sus coincidencias se ponen de manifiesto cuando se observan sobre un fondo común que evidencia las cercanías por encima de las distancias. De esta forma es posible apreciar con nitidez la sabiduría de estos arquitectos que llegan a construir lugares, como ocurre con la preciosa Capilla de Otaniemi, significativos y llenos de sentido.

José Manuel López-Peláez. Arquitecto. Otoño de 2005

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por stitchling cc 3