Obras

Escombreras. CHS

Editado por CQ

Al acercarnos al valle de Escombreras descubrimos un paisaje excepcional. La aridez y los huertos de limoneros compiten intentando doblegar un mundo artificial ajeno y particularmente agresivo. Un voraz desarrollo industrial ha sembrado el paisaje de enormes depósitos y tinglados. Las tuberías de gran calibre serpean el valle hasta sus terminales en la bahía. Un fondo árido envuelve la actividad fabril. Montañas austeras, paisaje desolado; desértico en su naturaleza y hostil en su artificio. El estrecho valle entre montañas cercanas de roca rojiza acaba en el mar. El Mediterráneo está cerca.

Sobre un antiguo limonar, sesgado por dos sugerentes ramblas, se asienta una nueva fábrica en el Valle. Dentro de las calles del huerto descubrimos un rico paisaje interior, una floresta particular, las filas se pierden entre cañaverales, cipreses, palmeras y algarrobos. Y el encuentro con restos de construcciones hidráulicas, acequias y muros de bancal.

Proyectamos sugiriendo los mismos tratamientos encontrados. Formas escuetas. Marcas de piedra. Ripios de acarreo. Elaboramos un proyecto para ensamblar el paisaje con las nuevas edificaciones. La empresa promotora trabaja en la mejora del medio ambiente y esto facilita el discurso.

El programa fabril y las proporciones del solar permiten conservar parte del limonar, separando los tinglados industriales del edificio de oficinas y personal. El edificio lineal como un único volumen de forma regular, se dispone paralelo a la carretera. Divide el limonar, convirtiéndose en compás de acceso al recinto.

En primer plano limonar y rambla con su escollera y una jardinería baja conforman la primera imagen de la fábrica desde el exterior. Detrás un extenso muro de piedra emerge, asumiendo el protagonismo de fachada. Esa línea de corte es barrera horizontal y zócalo del mundo fabril que se percibe por encima del muro en profundo segundo plano. Su tratamiento dulcifica el tránsito. La textura, piedra de una cantera cercana dispuesta entre los casetones estructurales, destensa la línea. Corte que atenúa  la intensidad del paisaje industrial. Los recursos formales equilibran al edificio de una cierta “rusticidad” que, como impronta, suaviza la percepción del paisaje junto a la tecnología fabril.

Con esta disposición, la fachada del edificio es cerramiento y límite entre la   carretera y la fábrica. El muro hermético de piedra, recuerdo de los fragmentos de cercas y restos de acequias, logra una radical protección. Los edificios de oficinas y personal se apoyan en él. La roca rojiza de los montes se coloca en la piel del edificio como manifestación de pertenencia y vinculación al lugar. El color es el de las montañas.

La continuidad del muro se rompe, para acceder al interior. Situamos, en este lugar, la cabina de control y las básculas. A la izquierda, lado Norte, se desarrolla el programa de las oficinas generales y a su derecha el edificio de personal y el almacén de enzimas. Detrás emergen los silos de cereal y otras construcciones industriales.

El edificio de oficinas se sitúa linealmente, adosado al muro exterior. Comparte dos funciones, en zonas claramente diferenciadas: representativa una de ellas y administrativa y de gestión  la otra. Se ordena estructuralmente en vanos de cinco por quince metros. El núcleo interno se concibe diáfano, recinto sin apoyos que  facilita una modulación flexible, sugerida por el propio desarrollo de las funciones. Distribución sectorizada, marcada por pozos de luz que crean un discontinuo protocolario.

Las oficinas se abren, hacia el interior de la fábrica. Fachada muy permeable, protegida del fuerte sol por lamas de hormigón la luz matizada penetra entre ellas. Tres patios interiores, pozos acristalados, serenan con vegetación la claridad que se desliza por la pared. El resto de la fachada hacia la fábrica, se modula en grandes placas de hormigón que reflejan la estructura interna.

Entre las oficinas y el huerto de limoneros, una calzada. Desde ésta se dispone el acceso, a través del atrio, al primer sector mas publico y representativo. Patio apergolado que discurre hacia el interior.

Detrás del muro, al otro lado del control, el edificio de personal aloja vestuarios, zonas de reunión y asistencia sanitaria y el comedor de los operarios. La iluminación y ventilación de estos se resuelven mediante tragaluces en la cubierta. Acotamos el campo visual del comedor y la zona de descanso. Un ventanal longitudinal  muy bajo se abre hacia un jardín privado ajeno al mundo fabril que le rodea.

Los aparcamientos se encuentran en depresión y bajo el edificio. Los vehículos no se perciben.

Sevilla 2003

“Cualquier tipo de expresión… vive de recuerdos, confesados o no, de reminiscencias personales, de un tesoro privado o compartido, aún muy vivido para algunos, adormecido en el caso de otros, en el que cada uno encuentra su voz, sus gestos o sus colores, en ese bosque profundo en el que vivimos todos; gestos y colores que otros, un día, reencontrarán, ya sin olvidarlos jamás.”

Jean-Claude Carrière. “La película que no se ve”

 

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