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Obras

Museo de los molinos. Flores & Prats Arquitectes

Editado por CQ

En la cornisa del barranco de Es Jonquet, bordeando la Bahía de Palma, se encuentra una cadena de antiguos molinos de harina, desde hace tiempo en desuso. Al final de esta serie de antiguas construcciones aisladas está el antiguo Molí d en Garleta, hoy Museo de los Molinos de las Baleares.

El nuevo museo se ubica en el interior de una antigua máquina y se propone explicar a la vez dos temas: el de la tradición de los molinos en las Baleares y el propio  edificio, un molino de harina a viento.

El barrio d Es Jonquet era un antiguo lugar de pescadores; sus construcciones

son sencillas y de baja escala, y sus calles muy anchas, dejando entrar una gran cantidad de cielo y de sol en su interior. Las construcciones aisladas de esta

cornisa contra el puerto toman gran importancia: sus volúmenes tienen sombras muy marcadas y se recortan en el cielo o en el mar. Existe un gran contraste entre el paseo frente a la bahía, de carácter turístico, con otra realidad, más cerrada y marginal del interior del barrio. El nuevo Museo y en especial la nueva plaza frente a él, actúan de espacio intermedio: la plaza organiza la llegada al museo y a la vez es un lugar de frontera, de conexión, a la espera del futuro desarrollo del área, conectando el interior del barrio con el borde turístico abierto al mar. Hemos

reutilizado para este espacio exterior un antiguo depósito de agua frente al molino, convirtiéndolo en bar y billetería, además de un nuevo banco que forma una plaza de pequeñas dimensiones acordes con las del barrio. Mientras que en el exterior del Museo el trabajo es a pleno sol, en el interior se trabaja a partir de la penumbra, en recogimiento.

El contraste entre el intenso sol exterior y la controlada luz interior necesita de unos minutos de adaptación para los ojos.

El proyecto se concentra precisamente ahí en medio, en este violento traspaso, en el espesor de paredes y cubierta. Trabajar en el grueso constructivo de esos 80cm. ha sido trabajar la luz, moldearla, darle forma. Ahí hemos extendido, reducido o ampliado huecos, manipulando luz y geometría. Las pantallas para exposición se pegan a las paredes, generando una reberverancia de la luz en su llegada al interior, un eco de la pared que la retiene ahí, junto a los muros… Los antiguos huecos se han convertido en pequeñas habitaciones, hornacinas que contienen objetos de exposición, dando forma a esa luz antes de que se pierda en la bóveda del molino. Los nuevos expositores colocados en el interior enfatizan las grandes dimensiones del edificio original, capaz de asimilar volúmenes gigantes y poner de manifiesto la geometría y la enorme presencia de las bóvedas. El itinerario por el interior del museo es en zig-zag, incorporando el cruce a través de la torre como un punto de mayor tensión, para luego volver a intensificarse al final del recorrido, con la aparición del auditorio en la última nave. El hundimiento del suelo hace parecer la bóveda más alta y la sección toma una proporción vertical, similar a la de una capilla románica de una sola nave.

Materiales, construcción y geometría originales han guiado la definición de la nueva intervención. Las nuevas entradas de luz que definen el itinerario se decidieron intentando descubrir y poner en evidencia el sistema constructivo

y estructural del edificio, incorporándolo como un elemento más de la exposición

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