Obras

Centro de mujeres en Rufisque. Hollmen, Reuter y Sandman

Editado por B LopezCotelo

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La ciudad de Rufisque fue, durante el periodo colonial francés, el principal Puerto del África Occidental. Posteriormente, el florecimiento de Dakar supuso un progresivo declive que culminó con el cierre de gran parte de las industrias vinculadas al puerto. Hoy, Rufisque es una ciudad de 200.000 habitantes con una elevada tasa de desempleo.

La ciudad sufre además otros problemas propios de naciones en vías dedesarrollo, como la explosión demográfica y la falta de infraestructuras. Las aguas residuales se canalizan a través de conductos abiertos que desembocan en el mar, lo que supone un enorme riesgo para la salud reflejado en la importante tasa de infectados por malaria en la ciudad.

Archives nationales du Sénégal

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Estructura social

La sociedad senegaleses está radicalmente dividida por géneros. La mujer es responsable de la casa y los hijos, y ha de respetar la autoridad del marido, tanto si éste aporta dinero como si no lo hace. En una ciudad como Rufisque, donde la mayor parte de los hombres no tienen empleo, la situación para las mujeres se hace incluso más dura. Muchos de ellos recurren a la poligamia o emigran. Muchas mujeres tienen pequeños negocios, como puestos de venta en el mercado, que les permiten sobrevivir y mantener su casa y su familia. La segregación por géneros permanece hoy como una norma incuestionada.

Grupos de mujeres

La estrategia de las mujeres para sobrevivir a esta complicada situación está también basada en la tradición: en las antiguas comunidades tribales, las mujeres se reunían en grupos divididos por edades para darse apoyo social, material y espiritual.Una importante actividad de estos grupos es el tontine, una colecta periódica destinada a dar apoyo económico a los miembros del la comunidad o a solventar gastos inesperados, como un funeral o algunos medicamentos. En los núcleos urbanos, estas estructuras han desaparecido o están en proceso de desintegración, por lo que existe la necesidad de nuevas estructuras que respondan e a esta realidad.

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El centro de mujeres

En la primavera de 1996, un grupo de estudiantes de arquitectura de la universidad de Helsinki viajó a Rufisque bajo la supervisión de los arquitectos Hennu Kjisik y Veikko Vasko. Se contactó con comunidades de mujeres locales gracias a la mediación de la socióloga Anne Rosenlew. Como ejercicio, se propuso la construcción de un centro para estas mujeres. El edificio buscaba reforzar la comunidad, ofrecer un lugar donde los miembros del grupo pudiesen cocinar y llevar a cabo trabajos de artesanía para luego venderlos y aumentar así sus ingresos. El centro organizaba las actividades colectivas, suponiendo una evolución en los tradicionales grupos de mujeres. La idea de llevar a cabo la construcción de este centro se dejó madurar unos años, durante los cuales el proyecto tuvo que ser reformulado en varias ocasiones.

Información y discusiones iniciales

Tras haber conseguido el apoyo del ministerio de exteriores de Finlandia y la donación de un solar por parte de la ciudad de Rufisque, se comenzó el diseño del proyecto en un marco arquitectónico real. El edificio sería el primer equipamiento público en el barrio de Gouye Aldiana. Antes de comenzar el desarrollo de la obra, se consultó a los diferentes grupos de mujeres del barrio sobre sus preferencias, y se consiguió el apoyo de Papa Samba Mbengue, regidor de esta zona de Rufisque, así como del arquitecto local Mbacke Niang, que sería además el responsable del seguimiento de la obra. Se pretendió implicar desde el inicio del proceso a los usuarios para evitar que el equipamiento fuese repudiado, y se evitó cualquier vínculo administrativo para que el proyecto no fuese politizado.

Cuestiones básicas y problemas de diseño

El  principal problema de Rufisque es el mar, que ha erosionado la línea de costa de la ciudad durante las últimas cuatro décadas, respetando sólo el centro histórico. El desarrollo de las zonas residenciales tuvo lugar de manera descontrolada hacia el lado opuesto al mar, en la zona Norte de la ciudad. Allí se encontraba la parcela para el centro de mujeres, en un entorno carente de infraestructuras y con problemas de salubridad.

No queríamos subrayar el carácter público del edifico, sino integrarlo en un tejido eminentemente residencial. Se respetó la escala del barrio, y para la disposición de las estancias, se adoptó una estrategia presente en las construcciones rurales senegalesas: los diferetes recintos se situarían en torno a un patio central. Tras las cocinas y los edificios auxiliares, aparecerían pequeños patios escondidos. Nuestro objetivo era construir un edificio que resultase familiar a los habitantes de Rufisque.

Construimos un sólido muro exterior y agrupamos las estancias en torno a un gran patio. Se marcaba así el límite entre lo público y lo privado, pero de una manera flexible. Se  abrió una esquina del edificio donde concurrían dos calles, para situar allí puestos de venta para los productos manufacturados por las mujeres en el interior del centro. El color rojo de los muros exteriores fue resultado de la experimentación, pero resultó un éxito para dotar de identidad propia al edificio, que fue bautizado por los habitantes de Gouye Aldiana como Kër Xonq (la Casa Roja).

Formar un equipo adecuado para llevar a cabo el proyecto no fue sencillo, y la ayuda del ingeniero local Galaey Niang fue crucial por su apoyo en el cálculo de la estructura y en el desarrollo de los trabajos.

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Materiales locales y trabajos

Queríamos aplicar soluciones locales y ecológicas a la obra. La construcción en ladrillo no era posible, porque el tipo de suelo del área de Rufisque no es apto para dar forma a estas piezas. Pero la empresa cementera Sococim, superviviente de las grandes infraestructuras portuarias de la época colonial, donó material para la construcción del proyecto. Así, el edificio se resolvió con un esqueleto de pilares y vigas de hormigón armado in situ. Los redondos de acero rerciclado utilizados en el armado, fueron una donación de la empresa Sosetra. El cerramiento del centro de mujeres se construyó con bloques de cemento fabricados con molde y secados en el propio lugar. La madera fue utilizada sólo donde no cabía otra posibilidad. Para los huecos de ventilación se utilizaron llantas de ruedas de coches recicladas, y para la entrada de luz se reutilizaron botellas de vidrio, cuyos fondos fueron cortados y unidos. El color verde hacía que las botellas de cerveza fuesen las más apropiadas para este fin, lo que causó algún problema al constructor local Abdourahmane Mbaye, musulmán practicante. De acuerdo con nuestro concepto de reciclaje, quisimos dejar sin pintar los elementos estructurales y los acabados del edificio. Pero Los socios locales se opusieron de manera inflexible: en Senegal, al contrario que en Finlandia, el reciclaje es visto como falta de recursos, como necesidad.

La cubierta se construyó con chapa grecada sobre vigas metálicas, con espesos trenzados de cañas de estera como aislamiento. El espacio intersticial permite la circulación de aire, lo que mantiene fresco el interior del recinto. Esta solución de cubierta no es habitual en Rufisque, y supuso un importante esfuerzo para los constructores. Además, el trenzado de estera es una tradición local que había caído en desuso. A esto se añade que es un producto estacional, y que la construcción tuvo lugar fuera de época, lo que elevó el precio debido al difícil acceso a este material.

Otra dificultad que hubo que afrontar fue que la parcela se encuentra en una riera, lo que exigía unas sólidas cimentaciones. Esa era una de las razones por las que el lugar estaba vacío. La construcción de una estructura resistente supuso un esfuerzo para un equipo formado en gran parte por residentes, pero sirvió de ejemplo para mostrar métodos de construcción adecuados en un barrio donde la precariedad ha derivado en un gran número de viviendas autoconstruidas. Muchos de los operarios eran hijos de las mujeres integradas en las comunidades a las que estaba destinado el edificio.

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La construcción del centro de mujeres se completó en Octubre de 2001. La inauguración de la Casa Roja arrastró a cientos de personas, y fue un acto alegra y relajado. Tras cinco años de viejes entre Finlandia y Senegal, habíamos sufrido fiebres y logrado evitar la malaria, habíamos aprendido lecciones de humanidad y profesionales, pero sobre todo habíamos tenido la oportunidad de llevar a cabo un proyecto significativo que influirá en la vida de muchas personas.

Texto: Saija Hollmén, Jenni Reuter, Helena Sandman

Traducción y maquetación: BLC

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Obra: Centro de mujeres en Rufisque

Arquitecto: Hollmen, Reuter y Sandman

Colaboradores: Mbacke Niang, Galaey Niang, Abdourahmane Mbaye

Año: 2001

Emplazamiento: Rufisque, Senegal

Fotografías: Simeon Duchoud, Helena Sandman, Juha Ilonen

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