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Los obeliscos de Roma. La organización de la ciudad

Editado por NuriaPrieto

En el siglo XVI, Roma había olvidado ya el esplendor del Imperio. La Roma que ocupaba la muralla Aureliana, llegando casi a sobrepasarla, era ahora una pequeña aldea, que se cerraba en el entorno del Tíber, muy lejos de este antiguo límite de bonanza y expansión. Roma vivía en las ruinas de sus antiguas infraestructuras que apenas funcionaban, la gran estructura urbana que había sido, era un esquema roto e inconexo que se iba borrando y enturbiando a medida que pasaban los años. Sin embargo Roma, que ha perdido su imagen, mantiene un elemento que explotado y organizado puede devolverle algo de su anterior orgullo. Roma es uno de los pilares de la religión cristiana, el más importante el mundo occidental, ya que bajo la basílica de San Pedro se encuentra enterrado éste apóstol, y esa razón es suficiente como para convertir a la ciudad en centro de peregrinación.

Plano de la muralla Aureliana

Plano de la muralla Aureliana

La peregrinación a Roma, no se centra únicamente en la Basílica de San Pedro, sino que se establece una red de basílicas, las siete basílicas de Roma, por las que los visitantes pasarán realizando una “ruta religiosa”. Roma comienza a salir de su palimpsesto. El Papa Sixto V (pontificado 1585-1586), será quien ideará muchas de las intervenciones de la Roma Barroca, a base de organizar estas peregrinaciones. Dicha organización se realiza a través de un lenguaje barroco, que contribuye a crear perspectivas en la ciudad, de manera que sea fácil orientarse y recorrerla por una parte, y organizar urbanísticamente todos los elementos inconexos de la Roma barroca y articularlos de alguna manera con las preexistencias de la antigua Roma Imperial.

Plano de roma tras las actuaciones de Sixto V

Plano de roma tras las actuaciones de Sixto V

Los puntos fundamentales de esta nueva organización son: Integrar en un mismo esquema las calles principales de Roma y las obras realizadas por sus predecesores enlazando las siete basílicas y las iglesias principales de la ciudad; repoblar las colinas de Roma, reactivando los acueductos; y crear una ciudad estética que superase la configuración de calles y espacios públicos, agregando y conectando los edificios singulares. De alguna manera, esta estructura de pensamiento, organizaba a la ciudad de Roma en monumentos, vías e infraestructuras, desde el punto de vista organizativo pero también estético. Esta actividad y afán por embellecer y organizar la gran capital, se completará en los años siguientes a través de algunas pequeñas actuaciones que realizarán otros pontífices. El control de la Iglesia sobre Roma en esta época es total, gobernando el interior de la muralla Aureliana, y estableciendo Roma como la capital del cristianismo en occidente.

via del Corso, por Dr. Jaus

via del Corso, por Dr. Jaus

Las intervenciones que el Papa Sixto V llevará a cabo en la ciudad de Roma, las realiza a través del arquitecto Domenico Fontana, quien además le asesorará. El Papa anterior ya había realizado pequeñas intervenciones en la ciudad, recuperando el Acqua Felice, rehabilitando la Strada Felice y los espacios exteriores de la santa Croce in Gerusaleme y la Trinitá dei Monti. La primera medida que tomará Sixto V será la de restaurar los acueductos para llevar el agua a las zonas altas de la ciudad, sin embargo, lo más interesante es la iniciativa que materializa a través de las conexiones urbanas, los obeliscos. El sistema estructural general que se plantea es el de articular las siete basílicas de la ciudad, para ello habrán de conectarse mediante grandes vías y además, marcar conexiones perspectivas mediante hitos en la ciudad, los obeliscos egipcios. Las vías de acceso a cada uno de los templos formarán parte de ese recorrido ceremonial, convirtiendo a la ciudad de Roma en un circuito de peregrinación en sí.

por Philosophia obelisco de Porta Flaminia

por Philosophia obelisco de Porta Flaminia

Se realizan varias acciones simultáneas, que combinan la apertura de las grandes vías con la colocación de los obeliscos ante cada una de esas iglesias de peregrinación de manera que exista una conexión visual de un punto a otro. Estas grandes operaciones se combinan con pequeños arreglos y ampliaciones dentro de los propios monumentos, o en otras ocasiones destinadas a resolver los problemas topográficos de la ciudad. Desde la puerta del Popolo se abre un tridente formado por la vía Ripetta, la vía del Corso y la vía Felice. La vía Felice, se rompe al llegar a la Trinitá dei Monti, y ha de continuar en la vía del Babuino hasta Santa María la Maggiore y de ahí, hasta San Juan de Letrán. Se conecta Santa Maria la Maggiore, mediante la srtada Pía, enlazando el Quirinal con Porta Pía. Esta actividad sistemática, lleva a seguir conectando la ciudad, las basílicas entre sí a través de la colocación de un obelisco ante ellas que las identifica desde la lejanía en cada una de las vías. Es decir, desde Santa María la Maggiore, puede verse el obelisco de la Trinitá dei Monti, o el de San Juan de Letrán en su época (actualmente está divido por la Plaza Vitorio Emanuele).

obelisco de San Juan de Letrán por Sebastià Giralt

obelisco de San Juan de Letrán por Sebastià Giralt

Las siete basílicas de Roma son: San Juan de Letrán (actual catedral de Roma), la basílica de San Pedro en el vaticano, Santa María la Maggiore, San Pablo extramuros, San Lorenzo Extramuros, San Sebastián de las Catacumbas y Basílica de la Santa Croce in Gerusaleme. Las que se encuentran intramuros están estrictamente marcadas por un obelisco, que no tiene por que encontrarse en su fachada principal, sino en aquel punto en que sea identificable desde otro punto de la ciudad a a través de la vía o vías que le dan acceso. Siguiendo la labor del Papa Sixto V, se colocarán obeliscos en otros puntos notables de la ciudad, conectando así no sólo a través de vías sino de iconos visuales la ciudad. Ahora Roma tendrá una estructura articulada compuesta de vías, nodos y monumentos. Es el caso de obeliscos como el de la Plaza del Popolo, el del Quirinal, el de la Santa Trinitá dei Monti, el de San Pedro en el Vaticano o el de Santa María la Maggiore. En otros casos se colocan para significar el lugar como el de la plaza Navona, o el del Panteón. En la época moderna, tras la reunificación italiana, el planteamiento conectivo de las vías, se mantendrá y seguirá utilizándose como la apertura de la vía Namzionale, la vía 20 de Setembro o la vía del los Foros Imperiales, aunque ahora ya no se utilizarán los obeliscos como nodos, sino otros elementos simbólicos.

obelisco de la Plaza del Popolo, Porta Flaminia

obelisco de la Plaza del Popolo, Porta Flaminia