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Botella WOBO

Editado por C.Quintans

Alfred Heineken, propietario de su famosa fábrica de cerveza, estaba visitando sus fábricas por todo el mundo en 1960. Cuando llego al caribe, a la isla de Curacao, vio las playas llenas de botellas tiradas. Económicamente no era viable su retorno a las fábricas para su aprovechamiento, y eso unido a las malas condiciones de las viviendas de las clases bajas de la isla, hizo que pensara en aprovechar los envases como recurso de construcción. Se le ocurrió la idea, junto con el arquitecto John Habraken, de diseñar un ladrillo de cristal que contenga cerveza: la botella WOBO. Durante tres años, se realiza el diseño y rediseño de la botella “WOBO”, de forma rectangular y en dos tamaños, la de 350 y la de 500 ml, para poder ejecutar con una cierta facilidad las esquinas de muros y también los huecos de ventanas. Las dos dimensiones de las WOBO se deben a que las botellas no se pueden partir como los ladrillos unido a que necesitan una boca de menor dimensión que facilite su uso. Estas dos dimensiones elegidas posibilitaban ese uso necesario de las medias botellas en arranques y en otras soluciones. La botella está diseñada para ser colocada en posición horizontal y unidas con mortero de cemento con un aditivo de silicio. Las botellas tienen resaltes en dos de sus caras para facilitar el agarre del mortero y en las caras que corresponderían con los tizones de los ladrillos; el “culo” de la botella está adecuadamente diseñado para que encaje la parte que corresponde con la boca de la botella que deba situarse a su lado y así evitar de esta forma la entrada de aire en un muro realizado con esta botella.  En las otras dos caras se realizó la botella con curvatura para facilitar su agarre con la mano al ser levantada para beber. Solamente se fabricaron unas 100.000 botellas y la producción se frenó cuando los directores de marketing rechazaron la idea por considerar que afectaría a la imagen de la empresa. Rinus van den Berg diseñó varios edificios en la década de 1970. Un diseño fue publicado en Domus, en 1976.

by mike dillon