Objetos

Boligrafo Bic.

Editado por B LopezCotelo

En Septiembre del año 2005 la fábrica francesa Bic anunció que había alcanzado la cifra de 100.000.000.000 de unidades vendidas de su artículo más universal, el bolígrafo. El mecanismo que hizo posible la fabricación en serie de este instrumento fue patentado por el inventor y periodista húngaro László Biró en 1943, tras veinte años de ensayos y evoluciones. Durante su juventud, Biró había trabajado como periodista, lo que le llevó a ser consciente de las limitaciones de las plumas fuente utilizadas en ese momento como instrumento de escritura. Decidió diseñar una alternativa, basándose en el mecanismo de las imprentas: un cilindro rotatorio que aplicaba la tinta de manera constante y uniforme. Así ideó el bolígrafo, un tubo lleno de tinta en cuyo extremo se coloca una pequeña esfera que aplica la tinta de manera continua. Pero el éxito del diseño dependía por un lado de la capacidad de encontrar un material que permitiese fabricar esferas minúsculas, y por otro de desarrollar una tinta con la viscosidad adecuada para que la bola no se secase. Una empresa sueca creó unas esferas de tungsteno que resolvieron el primer problema. El propio László Biró, junto con su hermano Georg, trabajó en la  tinta de secado rápido. En 1943 el diseño era apto para ser fabricado en serie. Biró vendió la patente de su invento a diferentes empresas y gobiernos, interesados en el bolígrafo porque podía ser usado por los aviadores en cabinas presurizadas.

Por Fabalv

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En 1950, la fábrica de Marcel Bich en Clichy decidió comprar los derechos de la patente de László Biró. A partir del diseño original consiguió desarrollar un instrumento de escritura cómodo y fácil de fabricar en serie, lo que permitió bajar drásticamente los costes de producción y el precio de venta al público. El bolígrafo, bautizado Bic como versión simplificada del apellido de Marcel Bich, constaba de un cilindro de plástico transparente que contenía en su interior una carga de tinta.

La punta del bolígrafo era una diminuta esfera que completaba un mecanismo casi infalible. El extremo del cilindro plástico se cerraba con una pequeña pieza cuyo color coincidía con el de la tinta, del mismo modo que la tapa que protegía el bolígrafo mientras no era usado. Bich consiguió crear un producto eficaz y reconocible, un enorme éxito comercial. En los últimos cincuenta años, ese diseño apenas ha variado. Los bolígrafos Bic han diversificado sus colores (azul, rojo, negro y verde), y se ha creado la versión de escritura fina, cuya carcasa es de plástico opaco de color naranja. La tapa ha sido truncada en su extremo para permitir que el aire circule a través de ella, lo que disminuye el peligro en caso de ser ingerida de forma accidental.

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El bolígrafo de Bich es barato, fiable y desechable. Se ha convertido en uno de los productos más universales e icónicos del diseño industrial del siglo XX.

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