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Botella de anís del mono

Editado por B LopezCotelo

Todo depende de cómo se mire. Vicente Bosch, notario catalán propietario de una destilería, vio en un frasco de colonia en la plaza Vendôme una botella de anís. Lo compró y, a su vuelta, copió el relieve romboidal del frasco parisino en las botellas de su licor. El perfume se lo regaló a su mujer, la botella resultó un éxito y los españoles vieron en la botella de Bosch una posibilidad que nadie había imaginado en la Vendôme: un instrumento musical.

Botella de Anís del Mono como instrumento musical. Por gentedejerez.com

Botella de Anís del Mono como instrumento musical. Por gentedejerez.com

Vicente Bosch y su hermano Josep habían fundado una industria de licores en Badalona en 1865. Su anís adquirió pronto renombre internacional, tras haber recibido premios en las exposiciones de Madrid, París y Chicago. El producto era elaborado con un cuidado extremo en una única destilería, fabricado con matalahúva seleccionada con celo. El crecimiento de la empresa hizo necesario definir una imagen de marca, crear un mito.

Destilería de Anís del Mono en Badalona. Por elmundo.es

Destilería de Anís del Mono en Badalona. Por elmundo.es

Sabemos el final de la historia: el anís de los hermanos Bosch es conocido como Anís del Mono. Pero su origen es más controvertido.

Hay quien sostiene que en uno de los barcos que la familia utilizaba para comerciar con ultramar llegó a Badalona un simio que acabó convirtiéndose en mascota de la destilería. A partir de ese momento, pasó a ser conocida la fábrica del mono.

Otros buscan alguna explicación más trascendental. En el momento del nacimiento de la marca, existía un debate feroz en torno a las teorías del científico inglés Charles Darwin. La inclusión de un mono con el rostro humanizado fue, para algunos, una muestra del apoyo de Bosch a las teorías darwinianas, mientras que para otros representaría una parodia de las mismas. También hay quien asegura que la elección, justo en ese momento, de un hombre-simio para sus etiquetas buscaba publicitar la marca como ‘la más evolucionada’. La célebre caricatura de Darwin con cuerpo de primate guarda un cierto parecido con la etiqueta de anís del mono, pero la intención, si existía, se la reservó Vicente Bosch. Para aumentar la incertidumbre, el mono de la etiqueta sostiene un pergamino con una inscripción: ‘Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento’.

Caricatura de Darwin, 1871. Por University College London Digital Collection

Caricatura de Darwin, 1871. Por University College London Digital Collection

Etiqueta de Anís del Mono. Por abc.es

Etiqueta de Anís del Mono. Por abc.es

A pesar de estas teorías fabulosas, Lluís Permanyer defiende, basándose en testimonios de la familia, que la explicación es más inmediata: Vicente Bosch encargó a un ilustrador una serie de imágenes de animales destinadas a diferentes productos fabricados en su destilería. Esto individualizaría cada uno de ellos, pero crearía al mismo tiempo una imagen de marca. Bosch escogió el mono para su anís, del mismo modo que escogió un toro para el ron o un centauro para el coñac. Y así nació el mito del Anís del Mono.

Expositor con botellas de Anís del Mono. Por tartanna

Botella de Anís del Mono. Por tartanna

Botella de Anís del Mono. Por tartanna

Los hermanos Bosch no se detuvieron ahí en su intención de dar a conocer su licor. En 1897 convocaron un concurso de carteles, donde el primer premio fue para el pintor catalán Ramón Casas. Otros artistas gráficos de referencia habían participado en el certamen, y en 1898 los Bosch expusieron los trabajos recibidos. Dieciséis años  más tarde, los propietarios de la destilería situaron en la Puerta del Sol de Madrid el primer anuncio luminoso de España.

artel diseñado por Ramón Casas, 1898. Por movieposter.com

artel diseñado por Ramón Casas, 1898. Por movieposter.com

'Botella de anís del mono, copa y naipe' de Picasso, 1915. Por bcn.cat

‘Botella de anís del mono, copa y naipe’ de Picasso, 1915. Por bcn.cat

El gran símbolo de la marca nació en una perfumería de París. Luego el arte lo transformó en icono de todo un país: Picasso pintó en 1903 su Bodegón con Anís del Mono, y volvió sobre el tema en cuadros de años posteriores. Juan Gris también utilizó la botella diseñada por Bosch en otro  bodegón cubista y, años después, lo hizo el mexicano Diego Rivera. Incluso Salvador Dalí la incluyó en su Naturaleza Muerta y Viva. El recorrido de una idea es imprevisible. Sobre todo en manos de artistas o de un pueblo celebrando la navidad.

BLC