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Objetos

Futbolín

Editado por B LopezCotelo

Ano trintaesete, Guerra Civil / Alexandre de Fisterra inventa o futbolín. El grupo coruñés Os Diplomáticos de Monte Alto señalaba así a su coterráneo como padre de uno de los juegos más populares del siglo XX. Aunque sobre eso existen muchas dudas. Alejandro Finisterre fue un personaje singular. Poeta, editor, inventor y republicano convencido, los hechos de su vida se mezclan con episodios fantásticos, casi legendarios, narrados en primera persona. Finisterre aseguraba que había patentado el futbolín en 1937, pero durante su huída a Francia, a pie a través de los Pirineos alejándose de la victoria fascista, una tormenta de diez días había arruinado el documento. Pero ese es el final de la historia.

Alejandro Finisterre. Por blogdematiasmoreno.blogspot.com

Alejandro Finisterre. Por blogdematiasmoreno.blogspot.com

Alejandro Campos Ramírez nació en Finisterre en 1919, y adoptó el nombre de su villa natal. Su familia se trasladó a la capital provincial en 1926, donde su padre abrió una zapatería, y posteriormente Alejandro Finisterre fue a estudiar a Madrid. El negocio familiar quebró y tuvo que sobrevivir como peón de albañil, aprendiz de imprenta y bailarín de claqué en la compañía de Celia Gámez. Hasta que en 1936, durante un bombardeo fascista, Finisterre quedó sepultado entre los restos de un edificio. De Madrid fue trasladado entonces a Valencia y más tarde, ante la gravedad de sus heridas, al hospital de la Colonia Puig de Montserrat. Allí se trataba, sobre todo, a mutilados de guerra. Y este fue el punto de partida para la creación del futbolín: un híbrido entre fútbol y tenis de mesa que incluso los afectados por los bombardeos podrían utilizar. Convencido de la viabilidad del instrumento, a finales de 1936 Finisterre compró madera y encargó al carpintero vasco Francisco Javier Altuna la construcción del primer futbolín. Un año más tarde, animado por el líder anarquista Joan Busquets, patentó el invento. El resto de la historia, la pérdida del documento y su exilio en Francia, alimentó las dudas sobre la propiedad intelectual del invento.

Antiguo futbolín. Por resonancefm

Antiguo futbolín. Por resonancefm

La realidad es que desde la última década del siglo XIX existen patentes de juegos muy similares a los futbolines actuales. Se fabricaron artefactos en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos que, a pesar de sus distintas denominaciones, compartían las características esenciales: muñecos insertados en barras horizontales sobre una mesa que golpeaban pequeñas bolas hasta introducirlas en una portería. Fueron denominados baby-food, fossball o table football, según el lugar de fabricación del juego. En las décadas de 1920 y 1930, tanto el alemán Broto Wachter como el francés Lucien Rosengart, trabajador de Citroën e inventor prolífico, depuraron el mecanismo del futbolín.

Futbolín, 1908. Patente inglesa. Por ilcalciobalilla.it 02

Futbolín, 1908. Patente inglesa. Por ilcalciobalilla.it 02

Futbolín, 1931. Patente inglesa. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1931. Patente inglesa. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1933. Patente suiza. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1933. Patente suiza. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1940. Patente inglesa. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1940. Patente inglesa. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1954. Patente suiza. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1954. Patente suiza. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1964. Patente francesa. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1964. Patente francesa. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1968. Patente francesa. Por ilcalciobalilla.it

Futbolín, 1968. Patente francesa. Por ilcalciobalilla.it

Sin embargo, Alejandro Finisterre fue, sin duda, quien inventó el conocido como futbolín español,  y quien más contribuyó a su propagación por América Latina. Y eso se explica, de nuevo, por las vicisitudes de su insólita biografía. Tras unos años en Francia, Finisterre se trasladó a Ecuador con dinero de la empresa que fabricaba futbolines en España. Allí se dedicó al negocio editorial y conoció al embajador de Guatemala. Emigró entonces a este país, donde comenzó a fabricar futbolines con maderas autóctonas y ajustó el diseño original. Su militancia republicana hizo que, tras el golpe de estado en Guatemala, Alejandro Finisterre fuese deportado a España. Pero nunca llegó a su destino ya que, según su propio relato, secuestró el avión con una bomba ficticia y lo desvió a Panamá. Se instaló más tarde en México y allí reanudó su labor editorial. Estableció un estrecho vínculo con el poeta de la generación del 27 León Felipe, hasta convertirse años más tarde en su albacea.  En 1976, Alejandro Finisterre regresó a España y comprobó la popularidad que había alcanzado su invento. Sin embargo, los fabricantes de juguetes habían asumido el diseño como propio y no prestaban atención al antiguo exiliado.

Futbolín español. Por j@iro

Futbolín español. Por j@iro

Barras de acero. Futbolín español. Por (Lolita)

Barras de acero. Futbolín español. Por (Lolita)

Topes de goma sintética. Futbolín español. Por fonso

Topes de goma sintética. Futbolín español. Por fonso

Figuras. Futbolín español. Por emburucuyá

Figuras. Futbolín español. Por emburucuyá

Figuras de futbolín español. Por Aroma De Limón

Figuras de futbolín español. Por Aroma De Limón

Figuras de futbolín español. Por teclasorg

Figuras de futbolín español. Por teclasorg

Su vida en España transcurrió entre la gestión de los bienes de León Felipe y la escritura. Fue nombrado miembro de la Real Academia Gallega. Mientras, el futbolín resistía el paso de las generaciones. El modelo más común era, igual que hoy en día, el llamado “catalán”: una pesada mesa de haya vaporizada, muñecos de aluminio unidos por barras de acero con cojinete de latón, torneados con baño de cromoduro y topes de goma sintética. Un instrumento resistente, fabricado para soportar un uso continuo.

Alejandro Finisterre tras su regreso a España. Por ilcalciobalilla.it

Alejandro Finisterre tras su regreso a España. Por ilcalciobalilla.it

Cuando Alejandro Finisterre murió, era reconocido como el creador del futbolín. Al menos, en España. Es difícil determinar su grado de aportación a un invento que ya existía. Su vida trashumante, o su homérica experiencia en los Pirineos que supuso la pérdida de la patente, podría no ser del todo cierta. Pero eso no parece importante. Realidad e ilusión se mezclaban en todos los relatos de Finisterre. Quizá por eso prosperó su ocurrencia: porque todos nos imaginamos campeones del mundo aunque sean soldaditos de plomo los que patean la bola.

BLC