Los robustos muros del palacio de Puruchuco han visto más de cinco siglos de la historia de Perú. Erguido en el período Inca, el monumento resiste aún hoy los húmedos inviernos del distrito de Ate, en Lima. Pero no ha sido siempre tan fácil visitar este vestigio del imperio aborigen más extenso de la América precolombina.
A principios de los años cincuenta, el Doctor Jiménez Borja decidió proponer al Ministerio de Educación la recuperación de algún edificio prehispánico en la costa de Perú. Era, en cierto modo, una reacción frente a los expolios y el desinterés que habitualmente sufrían los sitios arqueológicos en esta región. El Ministerio se mostró interesado, aunque especificó que debía encontrar un edificio pequeño y situado en un terreno cuyos propietarios no se opusieran a la restauración. El factor económico tuvo desde ese momento un peso decisivo, con lo que otro de los requisitos fue el buen estado de conservación del monumento. El 1 de Enero de 1953, Jiménez Borja y el Doctor Muelle, del ministerio, distinguieron un lugar que parecía reunir todas estas características. Meses más tarde se comenzó a excavar y recuperar el antiguo palacio inca de Puruchuco.
La edificación que emergió tras la restauración es un sorprendente conjunto de sólidos prismáticos organizados en torno a vacíos de diferentes dimensiones. Una imagen muy próxima a ciertas arquitecturas contemporáneas. Su morfología está relacionada con los monumentos incas en la composición esencialmente horizontal de sus volúmenes o en el cercado rectangular que define el perímetro del conjunto, además de ciertos rasgos ornamentales propios de esta cultura. Pero, al mismo tiempo, es una obra con influencias del contexto más próximo: la ausencia de hastiales o el vínculo de la terraza con el patio principal singularizan las ruinas de Puruchuco frente a otras construcciones de la misma época.
A nivel programático, el conjunto se articula en tres partes. En primer lugar, un enorme patio confinado por elevados muros de tapial constituye el único recinto en contacto con el exterior. Asociada a él se construyó una terraza que domina el inmenso espacio vacío, sobre la que se edificaron unos volúmenes dispuestos en U.
El segundo sector del edificio concentra una serie de habitaciones comunicadas entre sí desde las que se controlaba tanto el patio central como los campos de cultivo adyacentes al palacio. Además, en esta zona también se encuentra la residencia permanente del gobernador que habitaba el palacio.
Por último, el conjunto cuenta con unos espacios que parecen haber albergado celebraciones rituales. A ellos se accede a través de una rampa que desemboca en un pequeño patio cuyos muros están perforados por seis nichos triangulares. Este sector se completa con un área destinada al almacenaje y secado de productos perecederos.
Puruchuco se construyó con espesos muros de tapial. Sobre algunos de ellos aún se distingue la huella de las esteras y cañas que sirvieron de encofrado. En su interior, se vertía una mezcla de barro, arena gruesa y pequeñas piedras en tongadas de hasta 100 cm . La altura total del paramento alcanza los 5 metros en el muro perimetral. Para algunas de las estancias interiores se recurrió a muros de adobe, utilizando diversos aparejos pero tomando siempre las piezas cerámicas con mortero de barro. La piedra, en cambio, sólo fue utilizada como remate de muros y para resolver los peldaños de acceso a algunos recintos.
Aún no está clara la función exacta del complejo. Su uso como residencia de una autoridad local parece no haber sido el único: Puruchuco pudo haber concentrado las actividades de almacenaje y distribución de recursos, fundamentales en las dinámicas sociales andinas, así como ciertas actividades rituales. El palacio habría sido el centro de la vida colectiva, económica y religiosa de la región. Pero los tiempos cambian. Desde 1985, el gobierno local valora la posibilidad de trazar una vía que mutilaría parte del sitio arqueológico de Puruchuco para permitir un acceso más rápido al cercano estadio de fútbol del Club Universitario de Deportes. Los centros de la vida colectiva parecen ser otros hoy en día.
BLC


















