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Arata Isozaki Premio Pritzker 2019

Editado por Tectónica

El arquitecto japonés Arata Isozaki ha sido galardonado con el Premio Pritzker de Arquitectura 2019. Teórico y urbanista ha promovido desde los años sesenta el encuentro entre Oriente y Occidente con obras que interpretan influencias locales convirtiéndolas en testimonios de la arquitectura global con un enfoque muy tecnológico y al tiempo sutil y poético.

Arata Isozaki, Palau Sant Jordi, barcleola 1992.  Fotografía: Hisao Suzuki.

El Jurado ha declarado: “Poseedor de un profundo conocimiento de la historia y la teoría de la arquitectura, y abrazando las vanguardias, nunca se limitó a replicar el statu quo, sino que su búsqueda de una arquitectura significativa se reflejó en sus edificios, y hasta el día de hoy, desafiando las categorizaciones estilísticas, están en constante evolución, y siempre ofrecen un enfoque fresco”.

Los primeros éxitos arquitectónicos de Isozaki se remontan a la época posterior a la ocupación aliada de Japón, cuando el país intentó reconstruirse después de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial. “Quería ver el mundo a través de mis propios ojos, así que viajé alrededor del mundo al menos diez veces antes de cumplir treinta años. Quería sentir la vida de la gente en diferentes lugares y visitar extensamente Japón, pero también el mundo islámico, los pueblos de las profundas montañas de China, el sudeste asiático y las ciudades metropolitanas de Estados Unidos.

Arata Isozaki, Biblioteca de la Prefectura de Ōita, Japón, 1966. Fotografía: Yasuhiro Ishimoto.

No sólo extendió sus esfuerzos para reconstruir físicamente su ciudad natal con edificios como Ōita Medical Hall (1959-60) y Annex (1970-1972 Ōita, Japón), y Ōita Prefectural Library (1962-1966 Ōita, Japón, rebautizada con el nombre de Ōita Art Plaza en 1996), sino que también redefinió el intercambio mutuo entre las sociedades orientales y occidentales, lo que permitió que el enfoque del diseño japonés se incorporara al europeo y americano, especialmente en los años ochenta.

“Isozaki fue uno de los primeros arquitectos japoneses en construir fuera de Japón durante una época en la que las civilizaciones occidentales tradicionalmente influían en el Este, haciendo que su arquitectura -que fue influenciada de manera distintiva por su ciudadanía global- fuera verdaderamente internacional”, comenta Tom Pritzker, Presidente de la Fundación Hyatt. “En un mundo global, la arquitectura necesita esa comunicación.”

Sus edificios parecen geométricamente simples, pero están impregnados de teoría y planteamientos profundos. El Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (1981-1986, Los Ángeles, Estados Unidos) fue el primer encargo internacional del arquitecto. Aunque controvertido y geográficamente desafiante, el edificio de arenisca roja india fue resuelto por la elocuente conciencia de escala de Isozaki a través de un ensamblaje de volúmenes, al tiempo que empleaba la teoría de la proporción áurea y el yin y yang en todo momento, evocando la naturaleza complementaria de las relaciones occidentales y orientales.

Ceramic Park Mino, Gifu, Japón, 2002. Fotografía: Hisao Suzuki.

El enfoque vanguardista de Isozaki es fluido, ajustándose en respuesta a las necesidades e influencias de cada entorno a través de un concepto en el que tiempo y forma se  interrelacionan llamado “ma”. La conexión entre la universalidad global y la identidad local se hace evidente a través de sus soluciones integrales, interculturales e interdisciplinares, que reflejan una profunda sensibilidad en dar respuesta a las necesidades contextuales, ambientales y sociales. Ceramic Park Mino (1996-2002 Gifu, Japón) conserva la vegetación circundante al tiempo que sirve como extensión de la topografía a través de terrazas exteriores y miradores, destacados con piezas de cerámica tradicional. El Palau Sant Jordi (1983-1990 Barcelona, España), diseñado para los Juegos Olímpicos de 1992, está situado parcialmente bajo tierra para minimizar el perfil de la instalación destinada a alojar a 17.000 personas y, en su lugar, destacar la ladera de Montjuïc circundante. La cubierta de cúpula se construyó haciendo referencia a las técnicas de la bóveda catalana, mientras que las formas inclinadas se inspiraron en las de los templos budistas, y se utilizaron materiales locales como el ladrillo y la teja, o el zinc y el travertino como acabados.

Arata Isozaki, Nara Centennial Hall, Nara, Japón, 1998. Fotografía: Hisao Suzuki.

“Isozaki es un pionero en entender que la necesidad de la arquitectura es tanto global como local, que esas dos fuerzas son parte de un único desafío”, dice el Juez Stephen Breyer, Presidente del Jurado. “Durante muchos años, ha estado tratando de asegurarse de que las áreas del mundo que tienen una larga tradición en la arquitectura no se limiten a esa tradición, sino que ayuden a difundirlas, mientras aprenden simultáneamente del resto del mundo”.

El Jurado también destaca el espíritu de generosidad de Arata Isozaki, que ha promovido y sigue promoviendo a los arquitectos en los inicios de sus carreras.

El Jurado de esta edición ha estado formado por: Stephen Breyer (Presidente), juez de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos; André Aranha Corrêa do Lago

Crítico de arquitectura, curator y embajador de Brasil en la India; Richard Rogers, Arquitecto y Premio Pritzker 2007; Kazuyo Sejima, Arquitecta y Premio Pritzker 2010; Benedetta Tagliabue, arquitecta y socia fundadora del estudio EMBT de Barcelona; Ratan N. Tata, Presidente de Tata Trusts; Wang Shu, Arquitecto y Premio Pritzker 2012; Martha Thorne (Directora Ejecutiva)

Decano de IE School of Architecture and Design en Madrid.