Obras

Reforma vivienda unifamiliar. Pablo Muñoz Payá

Editado por NuriaPrieto

Fotografía: Milena Villalba y Santiago Vicente

“Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives.”, dijo Kafka en 1915, en su obra “La metamorfosis”. La arquitectura en numerosas ocasiones pasa por procesos similares, por una revitalización cuando ya parecía haberse agotado, renaciendo y llenándose otra vez de vida.

Este proceso requiere someterse a una transformación profunda. La metamorfosis en arquitectura debe dejar muy poco de ese antiguo ser edificado, y prepararse para la nueva morfología. Esta metáfora ilustra el caso de las rehabilitaciones integrales, donde prácticamente se mantiene sólo el esqueleto de la edificación para generar una nueva figura con un modo distinto de funcionar. Y es que la metamorfosis no sólo se refiere a cambios en la apariencia de algo, sino que también implica alteración en su condición, función y hábitos. Meta (más allá), morfé (forma), osis (cambio de estado).

No es una obra nueva, no permite la libertad extendida de la tabula rasa. Parte de los condicionantes de la preexistencia, como pespuntes en una tela, pero sin embargo supone una alteración prácticamente total respecto a la imagen previa, y a la manera de ocupar y relacionarse con esos espacios. Mudar la piel para evolucionar. Cerrar un ciclo para abrir el siguiente. μεταμόρφωσις. El proyecto “Reforma para Laura, Eduardo y Enzo” del estudio de Pablo Muñoz Payá representa de forma magnífica este proceso de la arquitectura.

Este proyecto consiste en la rehabilitación integral de una vivienda en Petrer (Alicante). El concepto de un hogar que se sucede de una familia a otra implica transformaciones profundas. Los modos de habitar son cambiantes, tanto generacionalmente como por la propia personalidad de los moradores. Lo que cada persona espera de su hogar se materializará en él.

La edificación existente, sin ningún tipo de valor arquitectónico, ocupaba una superficie de 138m2 construidos (19 de los cuales corresponden a un porche) de un terreno con olivos junto a otras viviendas cercanas. Por normativa, esta superficie no se podía ampliar, por lo que el proyecto debía basarse en una alteración de lo previo exacta, ni un metro más, ni un metro menos.

El perímetro rectangular pasará de una distribución en planta sin mayor interés, a una flexible estructurada en tres franjas longitudinales, y a su vez, tres transversales. Este orden no rígido de los espacios se consigue situando como piezas centrales y exentas los baños y parte del mobiliario de la cocina, haciendo que los movimientos se reproduzcan como círculos alrededor de ellos, y delimitando ya de esta manera el resto de espacios. Al igual que Frank Lloyd Wright liberaba elementos como la chimeneas, normalmente condenados a estar adheridos a un lateral, para situarlos en medio de los salones y así articular los espacios alrededor de esta pieza, Muñoz Payá lo hace con los baños y cocina. Longitudinalmente, las tres franjas se corresponderán con una primera zona de día en contacto con el porche (principal entrada de luz de la vivienda) que contiene salón, comedor y cocina, una intermedia con baños y dos dormitorios, y una final con el dormitorio de matrimonio, baño y despacho.

A pesar de este orden implícito, los espacios dialogan unos con los otros marcados por una unidad interior, una materialidad amable que responde a la serenidad perseguida por los propietarios, y un cuidado trabajo con la luz tanto natural como artificial. La vivienda en su interior es prácticamente bicromática, entre un blanco intenso y el tono café de la madera y el pavimento, logrado al emplear el número mínimo de materiales necesarios. Y es que otra de las búsquedas de la nueva vivienda era la simplicidad. Y lograr esta limpieza de espacios partiendo de una estructura existente tan contundente no es tarea sencilla.

Pablo Muñoz Payá disuelve esa dictadura entre contenedor y contenido liberando el espacio, llevando las piezas interiores a una altura inferior a la de la cubierta. Ésta juega con sus inclinaciones en un plano continuo que se pliega siguiendo el orden de las tres franjas, sin verse limitado por ellas. La cubierta será así inclinada en su frontal de la marquesina, a dos aguas para la zona de día, y de dientes de sierra para las dos franjas de dormitorio y baños. Este juego de cubierta consigue una optimización de la luz y un control bioclimático. El potente frontal del porche, cerrado por brisoleil en paneles móviles, permite un control de la incidencia solar, así como un control de las visuales. La relación entre interior y exterior es constante pero controlada, así como ocurre con el diálogo interior de las piezas de usos.

“Podría arrastrarse en todas direcciones sin obstáculo alguno, teniendo, sin embargo, como contrapartida, que olvidarse al mismo tiempo, rápidamente y por completo, de su pasado […]”. (Franz Kafka, en La Metamorfosis)

La casa de Eduardo, Laura y Enzo habla por sí sola de un modo de habitar, pero también de un modo de intervenir sin límites a pesar de partir de condicionantes y preexistencias, en busca de la calidad arquitectónica y la sostenibilidad.

Pablo Muñoz Payá

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Pavimentos: Porcelanosa

Revestimientos interiores: Placas lisas de cartón-yesoKnauff

Revestimientos en baños: Venis

Iluminación: Mesitas |Flos

Carpintería exterior: Ventanas | Cortizo

Lamas exteriores: Sistema corredero de lamas | Saheco

Estores exteriores: Persax

Mecanismos: SimonDetail 82

Sanitarios: Roca