Obras

Museo de Artes en Nantes. Stanton Williams

Editado por NuriaPrieto

Fotografía: Hufton+Crow

En 2009, Stanton Williams ganó el concurso internacional para la transformación y ampliación del Museo de Artes en Nantes y el diseño museográfico del mismo. Stanton Williams también fue el estudio encargado de diseñar el entorno de las calles y plazas cercanas al conjunto del museo. En colaboración con el equipo de diseño gráfico Cartlidge Levine diseñó la identidad gráfica y la señalización del museo. Este proceso basado en un único diseño, que incluye desde la tipografía hasta el diseño expositivo, desde la arquitectura hasta sus exteriores, aporta un gran sentido de coherencia arquitectónica.

Un museo en la ciudad

Situado cerca del Castillo de los Duques de Bretaña, la Catedral y el Jardín de las Plantas, el Museo de Bellas Artes y la Capilla del Oratorio forman juntos un conjunto cultural muy destacado.

El museo se sitúa en un área residencial y a pesar de la calidad arquitectónica del museo, éste se encuentra apartado del eje que forman la catedral, el castillo, el centro cultural Lieu Unique y el centro de congresos.

El nuevo Museo de Artes de Nantes quiere transformar la imagen del distrito al renovar y transformar el antiguo Palacio de las Bellas Artes, añadiendo una nueva extensión que alojará la colección de arte contemporáneo, un nuevo centro de documentación y de artes gráficas, un patio de esculturas y una nueva conexión con la Capilla del Oratorio del siglo XVII, en donde también se expone arte contemporáneo.

La transformación de este conjunto museístico supone también la creación de un itinerario coherente, arquitectónico y cultural que ha sido posible gracias a la nueva ampliación que conecta los edificios históricos que forman el nuevo Museo de Artes de Nantes. En términos arquitectónicos, la intención ha sido abrir el museo a la ciudad, haciéndolo más accesible y democrático.

Transformación y continuidad

“Un monumento extraño, sin ventanas, una especie de pedestal del que han eliminado el carro y sus cuatro caballos”

Julien Gracq, La Forme d’une ville, José Corti, 1985.

Esta descripción del escritor Julien Gracq, nacido en Nantes, expresa fielmente la monumentalidad y la naturaleza introvertida del Palacio de Bellas Artes. En la fase de diseño luchamos por transformar el palacio, elitista y costoso, en una institución contemporánea vibrante, democrática y abierta, yuxtaponiendo lo nuevo y lo viejo tal y como ocurre en las colecciones del museo. La ampliación completa y conecta el nuevo conjunto que forma el museo. Para reafirmar esa apertura hacia el exterior comenzamos recolocando el acceso existente justo frente a la fachada principal y sustituir la estrecha escalera que llevaba a la entrada por una plaza nueva que forma un área pública en continuidad con la calle Clemenceau que se iba a peatonalizar. El vestíbulo principal del museo se conecta con la calle a través de unos escalones amplios que ofrecen a los visitantes y a los viandantes un espacio en el que encontrarse y descansar en la calle Clemenceau. La parte superior de la plaza se puede utilizar para exponer esculturas o instalaciones de arte o funcionar como una terraza de verano del café del museo, generando actividad que mejore la presencia del museo en su entorno urbano.

En ambos lados de la nueva plaza se sitúan dos largos pedestales con sendas cajas de vidrio, albergando respectivamente los ascensores que facilitan el acceso al Museo y un espacio para instalaciones de arte contemporáneo.

La reciente reforma de la calle Clemenceau completa la transformación del entorno del museo, creando una zona pública más abajo en donde también pueden tener lugar eventos culturales. La Cours Jules-Dupré, el pasaje situado entre el Palacio de Bellas Artes y la ampliación conocida como el Cubo, se ha abierto al público; ofrece una vista privilegiada de la ampliación con su fachada de mármol traslúcido, el gran ventanal y la galería de conexión por encima de la avenida.

A través de la fachada transparente del vestíbulo de la planta baja situado en el nuevo edificio dedicado a las artes gráficas hacia la calle Clemenceau, los paseantes pueden ver las terrazas del jardín de esculturas y la nueva ampliación.

Los grandes huecos abiertos en la fachada del Cubo también permiten ver las colecciones que se exponen en el interior, reforzando la estrategia de acercar el museo y sus colecciones al público.

Un itinerario cultural y arquitectónico

La intención era la de crear un itinerario cultural y arquitectónico coherente reorganizado los espacios existentes en el palacio, construyendo nuevas áreas públicas a nivel de calle y creando galerías y áreas de circulación en la nueva ampliación. Esta estrategia permitiría conectar el palacio con la Capilla del Oratorio y ofrecer una variedad de itinerarios que permitieran al visitante apreciar la riqueza de las colecciones de arte y experimentar una serie de diferentes espacios, de arquitectura. El diseño de los espacios para la galería busca destacar las obras de arte y ofrecerles las mejores condiciones posibles para su conservación. El diseño sirve a las obras de arte y al mismo tiempo interactúa con ellas, no pretende dominarlas a través de una arquitectura poderosa. Se ha proyectado la ampliación de dentro afuera. Su expresivo poder emerge del cuidado con el que se ha tratado los espacios de exposición y las zonas de circulación, así como por cómo se ha utilizado la luz, natural y artificial. La pasarela de conexión que cruza por encima del Cours Jules-Dupré ha sido deliberadamente tratada como un espacio introvertido para no interrumpir la experiencia del visitante: una única abertura lateral permite saber que se está saliendo del palacio y entrando en el Cubo en dirección a la Capilla.

Excavar un nuevo nivel de sótano en el palacio, una verdadera hazaña de ingeniería, ha abierto nuevas áreas públicas como son los talleres educativos, el auditorio y una sala de exposiciones llamada “Sala Blanca”, así como almacenes y talleres de restauración. Las gruesas paredes de piedra de los cimientos se muestran de manera expresiva, sostenidas por grandes pórticos de hormigón y plintos que revelan las transformaciones que han tenido lugar bajo tierra. También se han utilizado materiales de alta calidad como el roble y el bronce, lo que aumenta aún más la experiencia sensorial del visitante.

De dentro afuera

El grupo de edificios que forman el museo incluye tres tipos de espacios: espacios transformados (en el palacio); espacios nuevos (en el Cubo) y espacios apropiados (en la Capilla del Oratorio).

Las galerías del palacio se han modificado añadiendo salas interiores y colocando paredes que marcan la visita y animan la larga, lineal y repetitiva secuencia de galerías, creando espacios más íntimos dentro de las grandes salas sin afectar a su integridad. Se han recuperado las ventanas de la galería de planta baja, que dan a la calle, lo que ayuda al visitante a orientarse y señalar el itinerario del visitante.

Las salas y áreas de circulación del Cubo se han diseñado de adentro afuera. Amplios espacios flexibles interconectan con las anchas salas de grandes ventanales que miran hacia el exterior que hacen que las obras de arte sean visibles desde la calle. Al salir por la planta sótano del patio de esculturas, una torre de vidrio que contiene un ascensor enlaza con la Capilla del Oratorio a través de la sacristía.

En el Capilla del Oratorio no se ha hecho ninguna intervención arquitectónica. Los artistas pueden apropiarse y transformar este espacio con instalaciones temporales.

Iluminación natural y artificial

De acuerdo con el equipo del Museo, decidimos aprovechar y optimizar el uso de luz natural de las salas principales y del patio del palacio. Queríamos capturar la suave y especial luz del Atlántico tan característica de Nantes. En el palacio, la luz natural entra a través de los lucernarios existentes tamizada por una capa de vidrio colocada en el techo de las salas. Esta tecnología –una innovación del siglo XIX– supone una serie de problemas: nada más inaugurarse provocaba muchas filtraciones y, más importante, suponía la entrada de demasiada luz en las galerías orientadas al sur y muy poca a las salas orientadas al norte. También hizo que el sonido resonara en la larga serie de galerías, por no hablar de la pérdida de calor, lo que dificultó la gestión de la climatización de las obras expuestas.

Mantuvimos la carpintería metálica pero reemplazamos el vidrio original por paneles de vidrio laminado, textil tensado y lamas orientables. De esta manera el siglo XXI respalda al XIX y se mantiene el carácter de las salas principales y del patio del palacio.

Este cambio nos ha permitido optimizar y controlar la luz natural pero conservando el efecto de sentir las nubes atravesando el cielo. Esto significa que aceptamos que haya sutiles variaciones de iluminación que dan encanto a las salas y, más importante, recuerdan las condiciones de iluminación de los estudios de los artistas cuando pintaron sus obras. Un sistema de iluminación artificial diseñado expresamente para el museo complementa la iluminación natural, especialmente en la planta sótano que recibe muy poca luz diurna. El antiguo ascensor cerrado se ha reemplazado por un ascensor con paredes de vidrio traslúcido; la luz entre en el hueco desde la cubierta hasta el sótano.

El Cubo: conexión entre el pasado y el presente

La nueva ampliación está conectada con el palacio a través de una espaciosa galería-pasarela que cruza por encima del Cours Dupré. Cuenta con modernas galerías en sus cuatro plantas con amplios huecos que permiten la entrada de luz natural en el edificio y conectan visualmente las galerías. Una escalera en el lado sur sirve de contrapunto a la escalera monumental existente en el palacio.

La nueva ampliación tiene por objeto vincular el pasado y el presente, crear un diálogo entre el palacio y los demás edificios del complejo museístico y dar una sensación de continuidad urbana. El vocabulario arquitectónico del nuevo edificio hace referencia a la piedra utilizada para construir el Palacio de Bellas Artes, la Capilla del Oratorio y los demás edificios del campus del museo. Los materiales blancos utilizados en su construcción actúan como un enlace visual, especialmente la piedra caliza local (tuffeau nantais) utilizada para la pared posterior de la Capilla del Oratorio y la fachada de la Catedral, y una piedra de aspecto similar en el palacio y los edificios vecinos.

Este cubo monolítico parece haber sido esculpido de un único bloque. Su aspecto exterior replica las blancas galerías del interior, y hay una fuerte sensación de continuidad en cuanto a los materiales utilizados en el interior y en el exterior. La fachada norte que mira hacia la calle Gambetta es plana y hace referencia a la fachada ciega del Palacio de Bellas Artes. A pesar de tener grandes ventanales, la nueva ampliación se presenta como monolítica, un efecto potenciado por el uso de la piedra, como es el mármol utilizado en la parte baja de la fachada hacia la calle Gambetta y en toda la fachada este hacia el Cours Jules-Dupré, así como en la galería de conexión.

La parte superior de la fachada es una superficie continua de piedra, lo que refuerza aún más la sensación monolítica del edificio. Aquí hemos optado por ofrecer una textura que recuerda la de la caliza local tuffeau. Es un guiño al tipo de edificios que se encuentran a lo largo del valle del Loira, incluidos los castillos, y las canteras de tuffeau abiertas directamente en la roca, y algunas convertidas luego en habitáculos trogloditas. Esta idea de esculpir los bloques de piedra incluso se repite en la tipografía ‘cincelada’ de la señalética del museo.

La fachada sur del Cubo, con los escalones y rampas que la recorren, consiste en un muro cortina de mármol y vidrio laminado traslúcido que filtra la fuerte luz del sur y revela las vetas coloreadas de la piedra desde las zonas de circulación del interior. De la misma manera, por la tarde, la iluminación artificial del interior destaca la riqueza de colores y texturas de la fachada de mármol vista desde el exterior. El dibujo abstracto de las vetas recuerdan, de alguna manera, los cielos del siglo XIX y XX de artistas como Turner o Monet y es también un guiño a la ornamentación del Palacio de Bellas Artes.

Estrategia medioambiental

Después de trabajar con nuestros consultores medioambientales, decidimos aplicar una estrategia pasiva, que tuviera en cuenta las propiedades físicas de los muros exteriores del palacio, mejorando su aislamiento térmico, así como el de las cubiertas; en los muros se dobló la pared interior de las salas cuando estaba en contacto directo con el exterior. En colaboración con los funcionarios encargados de Museos del Louvre, decidimos aumentar los rangos de control climático para las obras de arte para evitar saltos bruscos de temperatura y la aparición de humedades. Esta estrategia sirvió tanto para ahorrar energía como para reducir el volumen de la maquinaria de control climático que el edificio necesitaba. Favorecimos el uso de luz natural en las galerías superiores del palacio, y junto a la utilización de led’s para la iluminación artificial, también supuso un importante ahorro de energía. Hemos superado los estándares de calidad ambiental especificado en el informe para el museo.

El diseño de los espacios de exposición

También nos encargamos del diseño de las salas de exposición, trabajando en colaboración con el equipo del museo.

Para el palacio decidimos transformar las grandes salas diseñadas en principio para exhibir obras de gran formato y la celebración de exposiciones de arte tipo ‘salón’. Para romper la monotonía de la larga, lineal secuencia de galerías, optamos por utilizar unos grandes paneles expositivos que sirvieran como particiones y cubículos como pequeñas salas, los cuales subdividían el espacio y al mismo tiempo conservaban la integridad espacial de las galerías. El uso de diagonales y aperturas en las salas interiores ofrecían vistas oblicuas que enmarcaban las obras de arte de un modo muy interesante. El gran tamaño de las salas también hace posible montar obras de pequeña escala junto a piezas de gran formato, así como esculturas de diferentes tamaños.

El diseño del Cubo se planteó para que fuera un espacio flexible: se ofrecen diferentes configuraciones expositivas que respondan a los variados requerimientos que exige el arte contemporáneo.

Este trabajo minucioso en cuanto a las cualidades espaciales, los materiales utilizados y la manera en la que se ha utilizado la luz natural, se reflejan en el diseño de la señalización: los grandes paneles de aluminio anodizado reflejan la luz y el color de la piedra, y al tiempo proyectan una mancha de colores luminosos sobre la pared desde su posición, en la zona más oculta e interior del Museo.

Texto: @Patrick Richard.

Stanton Williams

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