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Vidrieras de Gustavo Torner para la Catedral de Cuenca

Editado por Tectónica

Gustavo Torner. Sin título-Vidriera, 1991-1994. Dibujo. Pastel sobre cartón. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Las fuentes iconográficas-rememoraciones. Alfonso de la Torre 

Gustavo Torner concibió un conjunto de vidrieras para la Catedral de Cuenca[1]que fueron acometidas con la estrecha colaboración del maestro vidriero y artista Henri Dechanet[2] en el taller Vítrea[3], sumándose además los vidrios del propio Dechanet, Bonifacio Alfonso y Gerardo Rueda.  El proceso torneriano, certificado en un abundante summa de estudios, en buena parte conservados en el MNCARS y ahora expuestos en la Catedral de Cuenca, se inició en 1990[4], atravesando diversas fases de trabajo, y su inauguración oficial tuvo lugar el 24/IV/1995.  Las vidrieras de Torner se instalaron en el Altar Mayor: una en su centro, siete en el lado de la epístola y otras tantas en el del evangelio, así como otros cinco vitrales y un rosetón en la nave derecha.

La Creación, fue uno de los elementos iconográficos, el origen de la vida, respondiendo al programa eclesiástico que planteaba la “Historia de la Salvación” observada a través de: “Creación”, “Redención” y “Glorificación”.  Pureza y pecado, si pensamos en las llamas de Pentecostés, como fuego[5].  Viaje entre la iconografía religiosa propuesta y una declarada atención a la ciencia, encuentro entre lo científico y la teología, ambos con el mismo tembloroso respeto, simbolizado también en la presencia de recuerdos de la estructura del ADN o la mención al Big-Bang primigenio.

Gustavo Torner. Roca partida con líquenes, 1955. Fotografía, colección particular.

Parece Torner mencionar realidades que escapan a nuestro conocimiento, el universo y sus misterios, pero también los átomos o la vida celular, en definitiva esas otras realidades que alejadas de la visión (cósmicas o microscópicas), tal la creencia, empero forman parte fundamental del existir que constituyen.

Gustavo Torner, Catedral, 1956. Óleo sobre lienzo. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid. Dación de Ibercaja, 1999. Cortesía de Alfonso de la Torre.

Mas proustiano, al recordar su infancia, los tonos áureos invadiendo el espacio, el temblor de la liturgia (su primera experiencia estética, dirá Torner), los dorados candelabros y casullas, el espacio insuflado por el polvo en suspensión, la luz nocturna[6] que ya hemos referido en nuestro texto en esta publicación: “(recuerdo con precisión absoluta) sobre todo la puesta en escena para la ceremonia en el palacio episcopal, que fue mi primera experiencia estética (…) Reconozco desde que era niño la catedral de Cuenca como fenómeno estético”[7].

Gustavo Torner. Sin título-Vidriera, 1991-1994. Dibujos 24,5 x 17, 2 cm. Pastel sobre cartón. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Algo hay, también, en las vidrieras concebidas por Torner de reflexión sobre el repertorio iconográfico y visual de las vidrieras tradicionales, estoy pensando en el deslumbrante conjunto de la Sainte Chapelle o el mítico conjunto de Saint-Denis, presidido por la firme teoría teológica, e intelectual, del Abbé Suger[8], aquel que refiriera su intención de dirigir el pensamiento de los fieles, por medios materiales, -el vidrio, sus calificadas coronas de luz-, hacia la metáfora, hacia aquello que es inmaterial.

Nuestro artista ha referido la mirada ejercida sobre numerosos otros lugares de la vidriera, por ejemplo el repertorio vítreo de la Catedral de York, mas también los trabajos de Matisse en la recoleta iglesia de las dominicas de Vence.  La “entropía” de Torner, aludida en el título de esta exposición refiere también sus encuentros con la ciencia, el caos que parece ser el centro de todo, las menciones citadas en el programa iconográfico de las vidrieras al “Big Bang” original versus la creación del universo o a la estructura del ADN.  Finalmente, esa mirada sobre el paisaje castellano, emblema de su quehacer desde los cincuenta, está también referida en algunas de sus vidrieras.

[1] Quien escribe fue testigo, colaborando con el trabajo de vidrieras realizado por Gerardo Rueda, del proceso de realización en el taller “Vítrea”, que dirigía el pintor y maestro vidriera Henri Dechanet, autor también de algunas vidrieras de la Catedral.   La dirección arquitectónica del proceso corrió a cargo del arquitecto Magín Ruíz de Albornoz.  Está ampliamente referido en: DE LA TORRE, Alfonso. Gerardo Rueda. Sensible y moderno. Una biografía artística. Madrid: Ediciones del Umbral, 2006, pp. 196-197

[2] Meknes (Marruecos)-1930.

[3] Tras la entrega de los bocetos, los vidrios fueron recopilados en la fábrica francesa de  adecuados en la prestigiosa fábrica francesa Verrerie de Saint Just, cuyos orígenes datan de 1826.  Desde esta fábrica se produjeron vidrios para Chagall, Léger, Matisse, Miró o Rouault.   Todos los artistas vinculados a las vidrieras conquenses, colaboraron estrechamente con el trabajo que se realizaba en “Vítrea”.

[4] Fue abordado en cuatro planes de actuación, en años sucesivos, entre 1990 y 1993.

[5]  Tal lenguas “como de fuego” se posó el Espíritu Santo sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él (Hch 2, 3-4).

[6] Recomendamos la lectura de algunos recuerdos de infancia de Torner, vinculados al ceremonial religioso, en el ya citado: TORNER, Gustavo. Conversación I. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones.

[7] TORNER, Gustavo. Conversación. En Gustavo Torner. Escritos y conversaciones. Valencia: Pretextos, 1996, pp. 49-50

[8] Chennevières-lès-Louvres, 1080(1081)-Saint-Denis, 1151. Sobre la colaboración de artistas contemporáneos con edificios religiosos, ciñéndonos a las proximidades de Vence, podemos citar: Chapelle Sainte Roseline Les Arcs : Ubac, Giacometti y Chagall; Iglesia de Notre Dame de Salagon en Mane : vidrieras de Aurélie Nemours ;  Catedral Notre Dame du Bourg en Digne : vidrieras y mobiliario de David Rabinowitch y en la Abbaye de Silvacane: vidrieras del refrectorio de Sarkis. En esta selección arbitraria hemos de citar en Francia y resto del mundo: Notre Dame des Sablons en Aigues Mortes  Vidrieras de Claude Viallat ; Iglesia de Saint Germain des Prés en Paris : via crucis de Pierre Buraglio ;  Abbatiale Sainte Foy en Conques: vidrieras de Pierre Soulages; Chapelle Saint-Dominique: vidrieras de Georges Braque; Iglesia del Sacré Coeur en Audincourt: vidrieras de Fernand Lèger; Capilla de Saint Frambourg en Senlins: vidrieras de Joan Miró; Catedral de Nevers: vidrieras de Rouan, Albérola, Ubac, Honegger y Viallat; Iglesia de Saint Laurent au Puy en Velay : pavimento de Daniel Dezeuse ; Iglesia de Saint-Eustache en Paris: Tríptico de Keith Haring ; Iglesia de Saint Jacques de Reims: vidrieras de Elena Vieira da Silva ; Chapelle de Ronchamp: arquitectura de Le Corbusier ; Abbaye de Noirlac: vidrieras de Jean-Pierre Raynaud ; Iglesia de Lognes: vidrieras de Christophe Cuzin; Rothko Chapel en Houston: Mark Rothko.  En este punto ha de citarse el trabajo de Gaudí en la Catedral de Palma de Mallorca y el trabajo allí realizado por Miquel Barcelo.  Aquí también debe citarse la colaboración, en los años cincuenta, de numerosos artistas abstractos con el Instituto de Colonización en España: Canogar, Farreras, Gómez Perales, Millares, Mompó, Pablo Serrano o Antonio Suárez, entre otros. El asunto quedó tratado por este autor en diversos lugares, entre los que señalamos: DE LA TORRE, Alfonso. Manuel Rivera. Catálogo Razonado. Madrid-Granada: Fundación Azcona y Diputación Azcona, 2008, pp. 85-97.  Está tratado en el texto introductorio: Rivera: valor y soledad. Ibíd. pp. 31-65. También en: DE LA TORRE, Alfonso. Gómez Perales. Aventuras de la línea recta. Madrid: Galería José de la Mano, 2013, pp. 5-21.

Texto publicado en el catálogo TORNER ENTRÓPICO (31/03/2015-17/05/2015). Cuenca, 2015: Semana de Música Religiosa-Catedral de Cuenca, pp. 40-50). Fotografías: Daniel de Labra.